Cada 27 de agosto se rinde homenaje a la escena protagonizada por don Enrique Telémaco Susini. Una travesura que las páginas de historia se encargaron de adornar. El médico entrerriano, hijo de un cónsul argentino en Viena, se divertía como cualquier hijo de vecino. Con su grupo de amigos y un sobrino (César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mugica) hizo peripecias para colocar antenas en edificios. “Niño bien”, “Enriquito” había viajado a Francia, a estudiar “los efectos sobre las vías respiratorias de los gases asfixiantes de la Guerra”, y había vuelto con extraños “chiches” nuevos: equipos de radiocomunicaciones.

Junto a su grupo, Susini transmitió en 1920 Parsifal, de Wagner, desde el Teatro Coliseo. “Raros” a los ojos de la época, los muchachos fueron apodados “Locos de la azotea

El juego inocente del 27 de agosto modificó paulatinamente la vida de un país, en épocas en que no existía ni el Obelisco. Presidencia de Hipólito Yrigoyen. La bendita cinta sobrevive. El propio Telémaco empuñó el micrófono y grabó su voz para siempre: “Señoras y señores, la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el Festival Sacro de Ricardo Wagner, Parsifal…”.

María Susini, sobrina nieta de ese señor al que Albert Einstein definió como “una de las primeras inteligencias de la Argentina”, creció en una casa en la que “los cuentos y el folclore acerca de ese sabio radioaficionado” estaban a la orden del día. “Era hermano de mi abuelo e integrante de una de las familias más rica del país. Una generación sabia que estudiaba mucho. Supe que él hablaba nueve idiomas, venía de familia de médicos y lo pintoresco es que el día de la primera transmisión, él y mi abuelo compraron válvulas al por mayor y le agotaron el stock al ferretero que preguntaba intrigado qué locura estaban por hacer”

Después del hito, los mitos. Que fue a las 21 de una noche estrellada, que el transmisor tenía 5 vatios… Dice también la leyenda que la transmisión duró unas tres horas y que almas solitarias de algún barco que navegaba por Brasil, llegaron a escucharla. Hasta el Presidente de la Nación felicitó a Susini, quien murió en 1972, cuando la televisión asumió su reinado.

La arrogancia argentina habla, en muchos caso, erróneamente, de “radio como invento nuestro”. O “primera emisión de radio de la historia” (las emisiones anteriores tenían un carácter experimental). Pero el estadounidense David Sarnoff y el italiano Guillermo Marconi ya habían hecho una experiencia similar.

Hoy, con una radiofonía golpeada, emisoras en crisis -algunas a punto de ser rematadas-, poco parece existir para celebrar. A pesar de eso: Gracias, Don Telémaco.

 

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